<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2573021620411689858</id><updated>2012-02-16T19:09:05.698-08:00</updated><category term='(a)notaciones'/><category term='quantum'/><title type='text'>Quantum</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://quantym.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2573021620411689858/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quantym.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Rogelio Saunders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08163974059773922988</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_T_KZP9Uu38g/RhGu-rmFerI/AAAAAAAAAAk/taSXAPCOFbk/s320/Foto_para_perfil.png'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>3</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2573021620411689858.post-3007562518740735161</id><published>2007-04-26T06:46:00.000-07:00</published><updated>2007-04-26T07:07:06.008-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='(a)notaciones'/><title type='text'>La palabra, ámbito hacia lo humano</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 70pt; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;&lt;i&gt;En el ámbito de la conciencia del hombre entendida como reunión, la              palabra es lo que&lt;/i&gt; da acceso. &lt;i&gt;Conserva aún, in potentia, todo su poder                sagrado. ¿En qué sentido? El poder de la resonancia, de inaugurar un               ámbito.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:verdana;" &gt;&lt;i&gt;No se puede poner puertas al campo&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Lo primero que habría que decir (frente a quienes creen en la fuerza como límite) es que la conciencia humana no acepta ninguna clase de límites y que en su esencia tiende siempre a desbordarlos (precisamente, la gran contradicción humana radica en esa insoslayable ausencia de límites y en la igualmente insoslayable presencia de entropía). No teniendo límites, la conciencia posee sin embargo la posibilidad de representar todo límite. De ahí que el poder (la tergiversación por excelencia) trate siempre de inclinarla hacia el sueño pesado de la violencia. Pero la confusión no ha comenzado hoy, y por tanto no puede pretenderse encararla como un mal de hoy. Tanto la conciencia como la palabra que es su hipóstasis padecen de un equívoco más antiguo. Sólo la palabra abierta sin límites a lo otro puede liberarse y liberar a la conciencia de este equívoco, que es la base de toda territorialización y de toda violencia.&lt;/p&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El foro, antes y después del advenimiento de la electrónica&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Hoy más que nunca es preciso, pues, devolver la palabra a la palabra. Prohijar y suscitar, no la palabra estentórea que dictamina, sino la palabra abierta al otro que se desliza entre y más allá de los condicionamientos políticos y culturales. Cambiar el signo a la seña. Decir allí donde la garganta está amenazada de estrangulación, pues el homo sapiens es sobre todo un hablador. Hablar, decir. No dejar de decir lo otro, lo incorrecto, lo humano. Todas las posibilidades se vuelven útiles aquí, desde el boca-oreja hasta el foro virtualmente sin límites de lo electrónico. Y sobre todo, no dejar de pensar, no impedirse pensar, no callar en el interior, pues es ahí donde reside la peor de las censuras. El foro tiene que estar primero dentro, en la cabeza del sapiens hablador y vagabundo que ríe de las fronteras y de su hermano convertido en otro por obra y gracia de la autocensura. Debemos comprender que para acabar con la censura concreta que nos abyecta infinitamente, debemos ser capaces de acabar con la censura en sí, con la máscara fantasmal que nos han puesto desde temprano sobre el rostro (como actores en un teatro ajeno), previniéndonos contra el otro, creando al otro como un peligroso muñeco de masilla.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;El foro, pues, somos (tenemos que ser) nosotros mismos. A partir de ahí, todo puede servirnos.&lt;/p&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El nacionalismo como una costra&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Del mismo modo, es preciso comprender que el nacionalismo no  empieza por ser el emblema de una etnia determinada, sino que es sobre todo la fabricación de un nosotros territorial (de una “nosostridad” que divide bajo el pretexto de conservar una homogeneidad o estatus). Quizá creamos que podemos resolver el problema luchando contra un nacionalismo concreto, pero esto es sólo una ilusión. El verdadero nacionalismo es el del hombre-nación, el hombre-odio, el hombre-límite. La palabra humanismo señala la presencia de una falta. Lo que falta (y que la palabra humanismo denuncia) es lo humano mismo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Deberíamos, pues, abrir las puertas al foro de lo humano despojado de todo mito. Pero, para que lo humano deje de mencionarse, es preciso deshacernos de lo inhumano (que es, hoy por hoy, casi todo). La primera y básica violencia (lo primero y básico inhumano) es la violencia (la costra) de la ignorancia. De la ignorancia que quiere ignorar para mejor entregarse a la soberbia de la segregación. Todos los nacionalismos concretos pueden remitirse a esta ignorancia voluntaria y básica. La costra del nacionalismo es la propia máscara pétrea del hombre segregante. La conciencia paralizada por la ilusión del límite, seducida, hipnotizada por el sueño de sangre del poder. Pues eso y no otra cosa es la “nosostridad” nacida de la ignorancia del origen: el sobrenombre o enmascaramiento de la polaridad básica del poder, que articula el mecanismo perpetuo de la violencia, tanto hacia dentro como hacia fuera (de un lado, los amos; del otro, la masa).&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;El hombre-masa es el hombre  fascinado por el poder que ha internalizado la censura (que ha asumido completamente la otredad al abyectar infinitamente al otro). Creando al otro (asumiendo lo otro como infinitamente abyecto) se ha vuelto él mismo infinitamente otro. Creyendo saber, se ha vuelto sólo un órgano del poder, pues el conocimiento se alza sobre la ocultación de la ficción que es su esencia (su insoslayable “otro”). Todo nacionalismo (toda “nosostridad”) se constituye de malas ficciones. Debemos buscar la raíz, lo que significa practicar una suspensión de lo adquirido (de la mala escritura de la ignorancia) para que, en la apertura así surgida, podamos ver sin las legañas segregantes y accedamos sin coartadas a lo humano (donde no toman parte ni lo artificial ni lo natural), y así lo humano pueda descansar al fin de su palpitación infinita (no hay hombre hoy que pueda poner la cabeza tranquilo sobre la almohada).&lt;/p&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Ámbito y palabra&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Pero, ¿cuál es el ámbito que inaugura, que crea la palabra? Hay la gran tentación de decir que es lo “humano”, pero lo humano ha sido siempre, para mal, lo aún por definir. Siendo el nombre lo que da el poder al poder, lo humano ha estado siempre acompañado por esa sombra, y el ideal enhebrado por la violencia. Pero hay algo magnífico en que lo humano aún esté por hacer, y es la posibilidad  de aceptación sin límites contenida en esa apertura. El vagabundo, el hablador, vive en esa apertura, que pone en duda todo lo decretado y quiere oír siempre una palabra nueva, ver rostros nuevos, sentarse a una nueva mesa. La apertura del oído (que es apertura del ser) deroga la violencia en pos de una curiosidad insaciable. Así, no sólo debemos ser capaces de hablar sin censura (más allá de la censura), sino también de oír. No debemos aceptar, ni la censura externa, ni la interna, pues el diálogo abierto y que abre, la escucha abierta y que abre, es lo propiamente humano (iluminado-iluminador, dispersador de sombras). El sueño sin la pesadumbre oscura de la ignorancia.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Hablar (y oír), entonces, no es sólo nuestro deber en tanto hombres históricos, portavoces de un territorio (así sea el de la justicia), sino el acto soberano por medio del cual podemos devolvemos a nosotros mismos lo humano en tanto aceptación sin límites, en cuanto transparencia.&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana;font-family:verdana;" &gt;Feldafing, 12 de mayo de 2003&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style="font-family: verdana;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-family: verdana;font-family:verdana;" &gt;&lt;br /&gt;(Escrito para la publicación &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: verdana;font-family:verdana;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El poder de la palabra&lt;/span&gt;)&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2573021620411689858-3007562518740735161?l=quantym.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2573021620411689858/posts/default/3007562518740735161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2573021620411689858/posts/default/3007562518740735161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quantym.blogspot.com/2007/04/la-palabra-mbito-hacia-lo-humano.html' title='La palabra, ámbito hacia lo humano'/><author><name>Rogelio Saunders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08163974059773922988</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_T_KZP9Uu38g/RhGu-rmFerI/AAAAAAAAAAk/taSXAPCOFbk/s320/Foto_para_perfil.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2573021620411689858.post-575489100162013746</id><published>2007-04-26T06:36:00.000-07:00</published><updated>2007-04-26T06:44:15.007-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quantum'/><title type='text'>Introducción al discurso del escalpelo</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify; line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Porque no hay pregunta sin dolor, y el dolor del ser es la nada. Pero lo que desquicia al ser es lo que lo supera, el &lt;i&gt;quién&lt;/i&gt;, el &lt;i&gt;dónde&lt;/i&gt;, que el ser no puede encerrar en una pregunta y aquello ante lo cual sólo puede abrirse, como un cuerpo roto. El ser suspenso, inmóvil, contempla, en la palidez de lo que muere, cómo su vocación se abandona al centro temeroso. Ya no es ser, sino una llama que flota, la simple frotación de un fósforo, la lámpara, la madera, la cabeza inclinada, el gesto. El ser aniquilado por la geometría. Esta geometría es el discurso del desánimo. Dice que el ser se desanima, se aleja, se distancia, que el cuerpo está listo para el escalpelo. La historia de la aniquilación es la aniquilación de la historia. Un hombre se inclina, pero no es un hombre, ni es el doble de un hombre: es una mancha. La mancha no ocupa el lugar del hombre, no espera; es el dato de la corrupción que se libera del movimiento que la concluye. El diálogo entre la mancha y la mancha debería extenuar el deseo, y lo extenúa, pero no cede al ya visto de la náusea, a la intimidad que se reafirma en el dejar de ser para no ser más que el vacío de las voces, el patetismo de la conciencia. Esta oscilación de lo exacto tiene la apariencia de la furtividad y de lo esquivo; pero sólo la apariencia, la superficie, la posibilidad del discurso. Su respiración profunda es lo neutro; en cada latido expulsa al ser a una figuración de la nada. Pero la mancha sigue hablando en lo oculto, acecha detrás del cuadro para asaltar el cuello propicio, el cuello distraído y blanco, la mano que hace rayar el fósforo en la oscuridad, equivocándose; la boca que maldice en un cuarto sucio. No hay gesto, no hay boca, no hay cuarto sucio. Hay oscilación y mancha. O mejor dicho: la mancha es esta misma oscilación de la mano invisible y el deseo del muerto (o del moribundo) que araña la pared detrás de la cual el cuerpo palpita. El cuerpo, ya se sabe, está roto, y los dedos entonces se distancian geométricamente en el vacío. No hemos visto bien: &lt;i&gt;esos no pueden ser dedos&lt;/i&gt;. Aquí, sin embargo, hay cesación, reverso del escalofrío, o el escalofrío sin su confianza: el grito. Nadie grita. La penetración no puede ser el puerto de la intranquilidad que contiene la validez del riesgo, la oportunidad de la enseñanza. El pene cuelga en el abandono del espejo, que lo abarca y al mismo tiempo lo disuelve. Flaccidez, interrogación que se reabsorbe. Mito del decaimiento: decaimiento del mito. Inutilidad de la dialéctica, ausencia del pensamiento. No queda sino la presencia del cráneo, pronto a desvanecerse en las delicuaciones del rojo. Esto puede nombrarse: habitación, atardecer, vaso, muslo, fósforo. El diálogo del moribundo tiene la concisión rumorosa del principio. Del principio, no del comienzo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2573021620411689858-575489100162013746?l=quantym.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2573021620411689858/posts/default/575489100162013746'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2573021620411689858/posts/default/575489100162013746'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quantym.blogspot.com/2007/04/introduccin-al-discurso-del-escalpelo.html' title='Introducción al discurso del escalpelo'/><author><name>Rogelio Saunders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08163974059773922988</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_T_KZP9Uu38g/RhGu-rmFerI/AAAAAAAAAAk/taSXAPCOFbk/s320/Foto_para_perfil.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2573021620411689858.post-6712295938880734927</id><published>2007-04-23T08:12:00.000-07:00</published><updated>2007-04-23T11:36:15.499-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quantum'/><title type='text'>Quantum (fragmento)</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify;line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;No quería darme cuenta de que era el fin. No quería darme cuenta de qué era el fin. No quería darme cuenta de que el fin ya había pasado (como un letrero junto al que se pasa veloz en la carretera). De que lo imposible ya había sucedido. Todo prodigio, una vez desentrañado, se me hacía indiferente, y los contagios del éxtasis siempre me habían dejado insensible. (Era un estado que oscilaba entre la curiosidad y la risa; a la vez cómico y grotesco, pero sobre todo un sucedáneo de lo Incomprensible, ahora, por inequívoco, inalcanzable.) Es que yo mismo estaba muerto. Digo &lt;i&gt;realmente&lt;/i&gt; muerto (y aún lo estoy). Por lo demás, el estado de muerte es &lt;i&gt;infinito&lt;/i&gt;. (¿Pero qué significa infinito?) Y ahora pienso que sólo puede escribirse con esa lasitud, ese vacío dejado por los paraísos artificiales con que se rellena el Gran Vacío del laboreo continuo, del parloteo incesante, de la Gesticulación infinita.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt;line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Escribir entonces «no importa qué». ¿Escribir &lt;i&gt;a cualquier precio&lt;/i&gt;? Verdades parciales dentro de verdades parciales. Porque la escritura nunca está en el acto de la escritura. No en la cabeza (oh cabeza) ni en la lettera, incisa y calamitosa. Pero la lettera es siempre el afuera: el &lt;i&gt;desafuero&lt;/i&gt;. La escritura entonces &lt;i&gt;no está en ninguna parte&lt;/i&gt; (campanas al vuelo). Y así sólo el estado de enfermedad (la &lt;i&gt;ambigüedad&lt;/i&gt;) podría dar cuenta de ella. Estado permanente, pero que sólo se revela en el instante azaroso: en el Momento (&lt;i&gt;momentum&lt;/i&gt;). En la doble vuelta de tuerca del Eterno Retorno. El instante hundido en el instante en el que Œdipus &lt;i&gt;trasoye&lt;/i&gt; y palpa en el mediodía las capas geológicas y quitinosas de lo destinado a desaparecer. En el que ve con sus binoculares cóncavos el forro de amianto del olvido. Los mudos alambres que intentan y vuelven a intentar la tarea exorbitante de configurar un &lt;i&gt;rostro&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt;line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;¿Era por eso que me atraía tanto la cantidad, la cantidad en-sí, el pequeño abismo? (Pequeño como puerta, como guiño de lo oscuro en subdividido cristal donde el rostro era doble y la mirada era única: el labio helado de lo amado-muerto, de lo subvivo, intocable, intraspasable.) La máscara fría de la metáfora, ni perseguida ni sobrepasada. El pequeño abismo —digo, diría— que se abre y se cierra como un diafragma: la magnitud, el &lt;i&gt;quantum&lt;/i&gt;. (Allí pues donde el cerebro, objeto físico o campo, red pura, informidad acaso puntiforme, se aproxima al cono.) ¿Era esto pues lo que me atraía (atrajo), lo que yo no veía porque lo había estado mirando desde siempre, porque lo había visto demasiado? El exilio del ojo. ¡Y aún el ojo estaba allí, como testimonio supremo de la ausencia del ojo! El deseo como prueba insuperable de la ausencia del deseo. Las repeticiones, además de ser la consecuencia lógica de la seducción y la irresolución, son también el testimonio de una corrupción que incluye y al mismo tiempo excluye la caída. En medio de los sueños paralelos se alza el interregno portentoso que hace regolpear al cadáver y que impulsa (como las olas de un océano invisible) todo regreso, precipitándolo en la sonrisa socrática de una metamorfosis no nombrada y de un saber-poder oculto (en los días y en los días). Mirando al sol sin gafas en medio de la multitud jubilosa, he ahí al erecto putrefacto, próximo al paso develatorio que nunca dará, porque un deseo o &lt;i&gt;eidos&lt;/i&gt; más antiguo lo retiene junto a los glóbulos coloreados de la noche doblada leptosomáticamente sobre la noche, hasta cubrir el territorio enigmático con su sonrisa de sacudido, como si estuviera estableciendo sin quererlo (¿sin saberlo?) el paradeigma o carta magna que habrán de seguir con exactitud los lívidos portadores de escalpelo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt;line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Es que no se comienza a escribir en realidad hasta que no se arriesgan los dones. Hasta que no se pierden y se pierde uno a sí mismo como en una hora que no tiene lugar, en la que lo sagrado mira con un ojo perplejo al perplejo que lo mira con el ojo paleontológico del elefante. Y ambos se vuelven entonces como oscuras manecillas de reloj que han desertado del cuadrante para encontrar una libertad que se niega a toda libertad en razón de un insaciable afán devorador de todo espacio.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt;line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Era preciso, pues, que me perdieras y te perdieras. (Y no simplemente que comprendiéramos que estábamos perdidos de antemano. Toda contemplación hacia allí se dirigía. No era lo que podían o no podían decir las palabras, sino el ritmo, el penduleo  desequilibrante de la cabeza.) Escribir, escribir a todo precio. Ahora sí y ahora no, como en un oráculo sin textos ni claves. Porque todo (incluido el honor) está(aba) perdido. Lo noble y lo digno no eran más que invenciones, y obviamente no las más interesantes. El equilibrio, la belleza (oh: siempre alguna forma de equilibrio cuando se trata de la belleza, siempre alguna forma de belleza cuando se trata del equilibrio), es aquello mismo que nos esclaviza porque nos otorga la ilusión de la inteligencia y el decoro suficiente de la victoria (de la única victoria). Que avancen pues con menudos, con minuciosos pasos crepusculares las arañas. Que tejan, que tejan su roja red de rocío debajo de las piedras. Que alcen en la humedad sus orificios bucales con infinitas ruedecillas dentadas, con labios violentos de comensales fríos frente al impresionante murmullo de las langostas. Ya el fin pasó (aunque no se puede decir que haya sido visto), y los que hablan simplemente balbucean, con ese susurro ligero de la hierba al paso del desterrado cuya barbilla se hunde en el pecho como una atónita pirámide de hielo. Pero el fin (que ya pasó y que está aquí, que todavía está aquí, que es el Aquí) no es devastación, ni subdivisión, ni exterminio. Todo ha desaparecido, es cierto. Pero todo, al mismo tiempo, está más en su sitio que nunca, como la perspectiva fantasmagórica y tangible alzada contra el azul en una especie de apuesta magnífica contra el arco iris. Así pues, el sentido radical de la escritura es ser menos que nada, ya que no se escribe en realidad hasta que no se arriesgan los dones. Hasta que no se los destruye, por así decirlo, pues el olvido es la finalidad inconfesada de toda escritura. Y si el olvido no posee una esencia (lo cual resuena en el ámbito de lo inteligible como una especie de jubilosa campanita), ello no hace sino confirmar lo dicho: que quien escribe, se pierde, y que lo que se escribe está perdido de antemano, al abrigo de la desaparición de toda instancia, más allá del horizonte del suceso, donde tiene lugar el ejercicio gratificante del Relato (al que se volverá, sin duda, al que se volverá). Su reino no es de este mundo. Pero por serlo demasiado (todo parece señalar susurrando al centro de la Tierra). El escritor es alguien que “se ha pasado de listo”. Falta en él la consigna prodigiosa que levanta el correlato eficiente frente al tiempo que respira sin fluctuación ni sobresalto en el olvido de la historia. No hay origen ni historia. No hay anécdota ni argumento. Él no puede y así cae en una especie de infinita causalidad en la cuenta no sólo de su abyección sino en el destello constante de la renovación-aproximación al estallido inaudible e inextenso: el Trastorno. Su propia llegada al ser y despedida del ser y ocultamiento-revelación en el cogollito del ser.&lt;/&gt;&lt;br&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt;line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Era preciso haber perdido toda esperanza y toda esperanza de esperanza, y haber sido poseído absolutamente por el pánico y por el susurro pavoroso del entreoído cuya vocación es la duda y siempre la duda. (Lo que se oye como la presencia irreal y tangible de lo dudoso, de lo infinitamente dubitable.) Todo aquello debía ser exterminado y lo fue. El ser alcanzó con un gesto horrorizado el centro de su falibilidad evidente (oculta tras la orgullosa despreocupación de la inteligencia), y la sentencia se hizo doble y la mirada se hizo única (el ojo se confundió con el ojo). Y el pánico lo cubrió todo. Y el pensamiento (el corazón) quedó al desnudo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; text-indent: 36pt;line-height: 20pt; font-family: verdana;"&gt;Ni el ser era lo que parecía, ni había ser alguno que pareciera.&lt;/p&gt;&lt;br&gt;&lt;p style="text-align: justify;line-height: 20pt;font-family: verdana;"&gt;(1994)&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2573021620411689858-6712295938880734927?l=quantym.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2573021620411689858/posts/default/6712295938880734927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2573021620411689858/posts/default/6712295938880734927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quantym.blogspot.com/2007/04/quantum-fragmento.html' title='Quantum (fragmento)'/><author><name>Rogelio Saunders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08163974059773922988</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_T_KZP9Uu38g/RhGu-rmFerI/AAAAAAAAAAk/taSXAPCOFbk/s320/Foto_para_perfil.png'/></author></entry></feed>
